El color es un de los elementos más importantes a tener en cuenta al momento de decorar una vivienda. Decidir el uso de uno u otro color, o cómo se combinarán entre ellos, puede afectar la percepción de las proporciones del espacio, influir en el estado anímico de los habitantes e identificar estilos decorativos.

Aprender sobre teoría del color y aprender su lenguaje nos permitirá adoptar patrones que nos guíen en la decoración de nuestra casa.

Teoría del color: formación de los colores

Los colores se forman a partir de los 3 colores primarios: rojo, amarillo y azul. Cuando se mezclan entre sí se obtienen los secundarios: naranja, verde y violeta; los terciarios se consiguen gracias a la mezcla de un primario con un secundario; y el resto de los tonos se crean a partir de combinaciones entre ellos o con blanco o negro.

Los colores primarios se consideran colores puros, junto al blanco y al negro; los colores neutros son aquellos que cubren las tonalidades que se encuentran desde el blanco al negro pasando por el gris. Se pueden incluir también todos los tonos con predominio de gris, blanco roto, crudo y marronáceo.

El lenguaje del color

Para entenderlo, es necesario definir qué tonos son considerados cálidos o fríos. Esta división se consigue cuando trazamos una línea imaginaria en el círculo cromático, desde el rojo-violeta hasta el amarillo-verde.

De un lado se encuentran los tonos que contienen rojo y amarillo, considerados cálidos, y del otro lado, los que proceden del azul, es decir, los fríos.

Los colores cálidos tienen un efecto estimulante, son colores alegres, vitales y energéticos, ideales para habitaciones grandes o espacios donde se necesite aumentar visualmente el tamaño de los muebles para que el espacio parezca más pequeño y confortable.

Por otro lado, los colores fríos transmiten una percepción relajante, calma y serena. Mediante su uso podemos agrandar las dimensiones del ambiente

Colores fríos: azul, verde y violeta

El color azul es el más frío de todos. Al ser un tono que aporta una sensación de calma, relajación y quietud, es ideal para dormitorios, salones y áreas de trabajo. Si se mezcla con el violeta o el verde se compensa esta frialdad.

El verde es un color equilibrado, fresco y tranquilo.Según la proporción de azul o amarillo que contenga, se convertirá en una propuesta más fría o más cálida.

El violeta tiene connotaciones melancólicas, si deseas volverlo un poco más vital, basta con agregar un poco de rojo, pero si se acentúa la cantidad de azul, se enfatizará el sentimiento de distanciamiento y frialdad.

Colores neutros: blanco, negro, gris

Los tonos neutros – blancos, grises, perlados, marrones, beige, negro, etc. – son la mejor opción para combinar el resto de los colores, ya sea para matizarlos o para enfatizarlos. Una ventaja de los colores neutros es que también funcionan solos, siempre teniendo en cuenta las características de la habitación.

El blanco genera sensación de luminosidad y amplitud, lo mismo que los grises pálido, los marrones aportan sobriedad y masculinidad al ambiente; cualquiera de ellos resulta una buena opción para decoraciones de estilo contemporáneo y nórdico.

Colores cálidos: naranja, rojo y amarillo

El rojo es un color vital y excitante, pero si no se combina con otro color que lo matice, puede llegar a resultar agresivo, por lo tanto es aconsejable utilizarlo de manera moderada, en zonas específicas y en pequeños detalles decorativos. El rojo, combinado con otros colores relajantes, produce calidez y confort. El naranja también debe usarse con moderación, sobretodo en zonas destinadas al descanso, en todo caso, sería mejor usar tonos melocotón y asalmonados en estas áreas. El amarillo es excitante y energético por naturaleza, evoca fuerza y voluntad por lo que es preferible su uso en ambientes con poca luz.

Elegir una paleta de colores dependerá de las diferentes motivaciones que tengamos en mente, ya sea modificar la percepción visual de un espacio o acentuar un estilo decorativo, recordemos que al decorar generalmente jugamos con dos opciones: contrastar o armonizar.

Si el propósito es vestir un ambiente a partir de la armonía visual, lo mejor será inclinarse por colores neutros y fríos, si se utilizara la gama de colores cálidos, el resultado sería excesivo.

Para aquellas personas que se inclinen por combinaciones más arriesgadas, la mejor propuesta es el contraste. Combinar colores resulta en espacios vitales, enérgicos y dinámicos, solo hay que tener cuidado de no caer en la estridencia.

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